El urogallo es una especie característica del bosque boreal paleártico, que se considera habitualmente como especie “paraguas”, indicadora del estado de conservación de la biodiversidad en los bosques boreales y de montaña. Esto es debido a que sus requerimientos de cantidad y calidad de hábitat permiten asociar su presencia y su conservación a la de muchas otras especies con similares requerimientos en cuanto a la calidad de hábitat. La subespecie Tetrao urogallus cantabricus, presenta una serie de peculiaridades que la diferencian ecológicamente del resto de poblaciones de esta especie. La característica más notoria es que el hábitat forestal en la Cordillera Cantábrica consiste exclusivamente de bosques caducifolios. De hecho, el pino silvestre (Pinus sylvestris), especie a la que está asociado el Urogallo en su distribución mundial y de la cual basan su dieta durante la mayor parte de laño, está prácticamente ausente de la cordillera Cantábrica, donde la dieta invernal del Urogallo se fundamenta en helechos, brezos, hojas de acebo (Ilex aquifolium) y sobre todo brotes de haya (Fagus sylvatica). Solo utiliza de manera excepcional los pinares de p.sylvestris, tanto relícticos naturales (pinar de Puebla de Lillo, en León) como de repoblación (Allande en Asturias y Boca de Huérgano, Valdelugueros y Folgoso en León) éstos últimos ocupados recientemente desde zonas cercanas (Álvarez et al. 2005). El hábitat típico del Urogallo cantábrico es el hayedo maduro entre los 800 y los 1600 m s.n.m tanto en masas puras como mezclado con roble albar (Quercus petraea), abedul (Betula pubescens) o acebo, pero siempre con una estructura abierta que permita el desarrollo de un sotobosque en el que el arándano (Vaccinium myrtillus) resulta ser una especie clave, como asimismo ocurre en todo el rango de distribución de la especie. El arándano es un recurso habitualmente utilizado por el Urogallo cantábrico, que en verano y otoño consume hojas y frutos, mientras que durante el celo incorpora muchos tallos de esta planta en su dieta. En verano, los pollos y juveniles dependen en gran medida de los insectos, en especial de las orugas que viven sobre las plantas de arándano (Grupo de trabajo del Urogallo, 2004), de los helechos, brezos, hojas de acebo y brotes de haya, cuando ocupan bosques de hoja caduca, y las acículas del pino silvestre. Aunque es considerado como un especialista forestal que selecciona las parcelas de bosque maduro, el dominio vital del Urogallo cantábrico incorpora también otro tipo de hábitats, especialmente prados, brezales y piornales, con una frecuencia mayor a la esperada en función de la disponibilidad de estos hábitats en el paisaje cantábrico. Algunos estudios mediante técnicas de radio-seguimiento realizados en varias localidades europeas establecen que los dominios vitales del Urogallo varían entre 132 y 1.207 Ha, presentando oscilaciones estacionales relacionadas con el cambio de actividad, y mayores valores cuando la fragmentación forestal es elevada y las parcelas boscosas se encuentran más alejadas unas de otras (Grupo de trabajo del Urogallo, 2004). La dieta tan limitada influye de forma determinante en la supervivencia de estas aves obligadas a desarrollar una gran actividad con el consiguiente gasto extra de energía. Una situación de este tipo se produce cuando el hábitat está fragmentado en núcleos boscosos dispersos (Varela, 2007).
La subespecie Tetrao urogallus cantabricus, presenta una serie de peculiaridades que la diferencian ecológicamente del resto de poblaciones de esta especie. La característica más notoria es que el hábitat forestal en la Cordillera Cantábrica consiste exclusivamente de bosques caducifolios. De hecho, el pino silvestre (Pinus sylvestris), especie a la que está asociado el Urogallo en su distribución mundial y de la cual basan su dieta durante la mayor parte de laño, está prácticamente ausente de la cordillera Cantábrica, donde la dieta invernal del Urogallo se fundamenta en helechos, brezos, hojas de acebo (Ilex aquifolium) y sobre todo brotes de haya (Fagus sylvatica). Solo utiliza de manera excepcional los pinares de p.sylvestris, tanto relícticos naturales (pinar de Puebla de Lillo, en León) como de repoblación (Allande en Asturias y Boca de Huérgano, Valdelugueros y Folgoso en León) éstos últimos ocupados recientemente desde zonas cercanas (Álvarez et al. 2005). El hábitat típico del Urogallo cantábrico es el hayedo maduro entre los 800 y los 1600 m s.n.m tanto en masas puras como mezclado con roble albar (Quercus petraea), abedul (Betula pubescens) o acebo, pero siempre con una estructura abierta que permita el desarrollo de un sotobosque en el que el arándano (Vaccinium myrtillus) resulta ser una especie clave, como asimismo ocurre en todo el rango de distribución de la especie. El arándano es un recurso habitualmente utilizado por el Urogallo cantábrico, que en verano y otoño consume hojas y frutos, mientras que durante el celo incorpora muchos tallos de esta planta en su dieta. En verano, los pollos y juveniles dependen en gran medida de los insectos, en especial de las orugas que viven sobre las plantas de arándano (Grupo de trabajo del Urogallo, 2004), de los helechos, brezos, hojas de acebo y brotes de haya, cuando ocupan bosques de hoja caduca, y las acículas del pino silvestre.
Aunque es considerado como un especialista forestal que selecciona las parcelas de bosque maduro, el dominio vital del Urogallo cantábrico incorpora también otro tipo de hábitats, especialmente prados, brezales y piornales, con una frecuencia mayor a la esperada en función de la disponibilidad de estos hábitats en el paisaje cantábrico. Algunos estudios mediante técnicas de radio-seguimiento realizados en varias localidades europeas establecen que los dominios vitales del Urogallo varían entre 132 y 1.207 Ha, presentando oscilaciones estacionales relacionadas con el cambio de actividad, y mayores valores cuando la fragmentación forestal es elevada y las parcelas boscosas se encuentran más alejadas unas de otras (Grupo de trabajo del Urogallo, 2004).
La dieta tan limitada influye de forma determinante en la supervivencia de estas aves obligadas a desarrollar una gran actividad con el consiguiente gasto extra de energía. Una situación de este tipo se produce cuando el hábitat está fragmentado en núcleos boscosos dispersos (Varela, 2007).